Este rol, tradicionalmente asociado a empresas grandes o proyectos complejos, también puede ser una gran herramienta para equipos pequeños o en crecimiento. En esta nota te ayudamos a evaluar cuándo tiene sentido sumar esta figura y cuándo puede que todavía no sea necesaria.

¿Qué es exactamente un Project Manager?
Un Project Manager (PM) es la persona encargada de planificar, coordinar y supervisar la ejecución de proyectos. No necesariamente es quien toma las decisiones finales, pero sí quien se asegura de que cada parte del trabajo esté alineada con los objetivos y que se avance según lo previsto.
Entre sus tareas más comunes están:
- Definir el alcance del proyecto
- Establecer cronogramas y responsables
- Identificar riesgos
- Dar seguimiento a avances
- Comunicar con claridad a todas las partes involucradas
Un buen PM es más un facilitador que un jefe. Es quien libera al equipo de preocupaciones operativas para que cada persona pueda enfocarse en lo que hace mejor.
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¿Cuándo es hora de considerar sumar un PM?
Aquí te compartimos algunas señales concretas:
1. Tareas duplicadas o sin dueño
Cuando nadie tiene claro quién hace qué, es probable que haya esfuerzos desperdiciados… o tareas olvidadas.
2. Proyectos que se alargan sin razón
El clásico “ya casi está” que se repite semana tras semana.
3. Falta de visibilidad sobre lo que pasa
Si no puedes responder rápidamente “¿en qué estamos trabajando ahora?”, hay un problema de coordinación.
4. Líderes operativos desbordados
Si las personas con visión estratégica están atrapadas en tareas de seguimiento, quizás es hora de delegar esa gestión.
5. Problemas para priorizar
Sin alguien que organice, todo parece urgente. Y eso genera agotamiento.

¿Y si mi equipo no tiene un PM?
Muchos equipos —especialmente los pequeños o que están en etapas tempranas— funcionan sin un PM formal. Esto puede estar bien siempre que:
- Estén definidos e implementados los procesos
- Se utilicen herramientas de gestión visuales
- Exista una cultura de comunicación activa y transparente
- Cada integrante tenga autonomía y compromiso
A medida que el equipo crece, los proyectos se vuelven más ambiciosos o hay más interdependencias, la necesidad de un rol de coordinación se vuelve más evidente.
Opciones intermedias antes de contratar un PM
Si no estás listo para sumar a alguien a tiempo completo, puedes considerar estas alternativas:
👉 PM rotativo
Cada persona del equipo asume el rol de coordinación por proyecto o por mes.
👉 Líder de proyecto
Alguien se hace cargo de un proyecto específico y actúa como “PM temporal”.
👉 Herramientas + procesos
Un buen sistema de gestión de tareas (aunque sea simple) puede reemplazar parte del rol.
Beneficios de tener un PM (aunque no sea formal)
- Mayor foco del equipo: Menos distracciones operativas.
- Más claridad: Sabes qué se está haciendo, por qué, y quién lo hace.
- Reducción de errores: Menos tareas olvidadas o mal ejecutadas.
- Mejor uso del tiempo: Menos reuniones para resolver lo que se podría haber previsto.
Conclusión
No todos los equipos necesitan un Project Manager desde el inicio. Sin embargo, si ya tienes tareas sin dueño, entregas que se retrasan o confusión constante, quizás estás frente a señales claras que te indican que pudiera ser importante sumar este rol.
Un PM no es solo alguien que organiza tareas. Es quien facilita que el equipo trabaje mejor.
Evaluar con honestidad si lo necesitas (y cuándo) puede ahorrarte muchos dolores de cabeza, mejorar la experiencia del equipo y potenciar tus resultados.